jueves, 24 de marzo de 2016

En aras de un futuro mejor

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Resulta cuanto menos curioso que las dos grandes majors de la cinematografía superheróica hayan elegido la representación metafórica del 11-S como punto de partida para crear  los emblemas de cada casa. Me refiero por supuesto a Los Vengadores, a La liga de la Justicia y a las adaptaciones de cada uno de los miembros que conforman y conformarán ambos universos. El uno y el otro se han acabado por configurar de la misma manera; como un ataque extraterrestre a la ciudad de Nueva York, Metrópolis en el caso de DC, con ecos del terrorismo de Al Qaeda de 2001, y que será solventado por aquellos mismos que de manera indirecta e involuntaria lo han provocado. 


 Por un lado, tenemos en Los Vengadores (2012) el ataque a la ciudad de NY del ejército chitauri, raza alienígena sin rostro atraída hacia nuestro planeta por la turbulenta relación fraternal de Thor y Loki, el dios nórdico del esperpento. Lo que el filme plantea es cómo los superhéroes más poderosos del planeta deben dejar a un lado sus egos para unirse y hacer frente a un enemigo común exterior. Durante el tramo final de la batalla, los héroes se encuentran en una Nueva York devastada por la invasión extraterrestre y en clara desventaja por la ausencia de un líder. Es entonces cuando emerge la figura del Capitán América, máximo exponente de la libertad del mundo occidental y baluarte de la democracia yankee, para acaudillar a sus socios hacia la victoria y organizar a unos equipos de rescate, formados por policías y bomberos, que no dan abasto ante la devastación de la Gran Manzana.    


                                     



En un instante de suspensión de la acción, un travelling circular muestra al capi desolado ante la inferioridad numérica y a su vez conmovido por la colaboración ciudadana y la eficiente actuación del cuerpo de bomberos de la ciudad, auténticos héroes nacionales tras los seísmos de la Zona Cero. Ciudadanos reales sustituyendo en el imaginario colectivo a los tradicionales héroes de ficción.  "¿Volverán?" le pregunta un niño a Tony Stark aludiendo a los chitauri. El mundo ha cambiado y la acción internacional requiere de métodos agresivos que nunca hubieran sido vistos con buenos ojos de no ser por la aparición de los alienígenas terroristas. Un curioso paralelismo con la ley Patriota que sigue en boga a día de hoy con la competencia directa de la Casa de las Ideas. 

Lo que plantea Zack Snyder no es muy diferente de lo que un día planteó Josh Whedon con sus vengadores; una invasión extraterrestre producida indirectamente por Superman, a quien andan buscando el general Zod y el resto de kryptonianos. No deja de ser paradójico, al igual que sucedía con los Vengadores, que sea el mismo hijo de Krypton quién salve a la humanidad de la peligrosidad que entraña en la tierra su propia existencia. Tal paradoja deja tras de sí una estela de destrucción que bien será en este caso un descorazonado Bruce Wayne quien contemple la desolación y destrucción de Metrópolis. La colaboración ciudadana volverá a ser clave para hacer hincapié "sutilmente" con aquello de que la unión hace la fuerza y así lograrán salvar la vida a uno de los desafortunados empleados de Industrias Wayne. 


   





La destrucción terrorista alienígena sirve de prólogo para mostrar el porqué de una sociedad desesperanzada que ha encontrado en Superman, no solo a un falso dios al que idolatrar, sino una figura paternal e inspiradora, no muy alejada a la de los comics de Jerry Siegel, en la que creer en unos tiempos tan convulsos y desencantados como lo fueron los años siguientes al 11-S y que quizás puedan alargarse hasta el día de hoy, Ese idealismo hacia el hombre de acero siempre se ha mantenido en los comics de DC frente al nihilismo de Batman. El murciélago de Zack Snyder se balancea entre el despotismo de las novelas de Frank Miller y el envejecimiento y el agotamiento del Caballero Oscuro de Nolan. Metafóricamente hablando, tanto Superman como Batman se configuran como un buen compendio de lo que ha sido el género superheroico desde 2001, año en el que nació en la cinematografía marveliana el Spiderman de Raimi, ya marcado desde el teaser por los acontecimientos del World Trade Center. 

Dando un paso más allá podemos hacer una equitativa no muy alejada del mensaje de ambos filmes en relación con la máquina propagandística yankee; una fuerza capaz de desestabilizar la polaridad mundial se ha visto obligada a actuar internacionalmente en pro de las libertades de sus ciudadanos y de los derechos y libertades de la humanidad, debido a ello ha traído, muy a su pesar, la muerte y la destrucción a los ciudadanos que había jurado proteger y servir. Llámalo Superman, llámalo Thor, Iron Man y porqué no, llámalo EEUU. El superhéroe americano acaba siendo cuestionado por la ya famosa interrogativa ¿acaso no nos está salvando de sí mismo? 


 Los ataques de septiembre de 2001 fueron en definitiva una consecuencia de la beligerancia de Norteamérica en el tercer mundo, sin embargo aquellos que de forma indirecta, que no involuntaria, causaron tantísimos muertos en su propio territorio, se pusieron manos a la obra para poner remedio a tan injusto acto; Guerra de Irak,  Ley Patriota, lucha contra el DAESH o cualquier barbarie que venga a continuación. Siempre surgirán voces discordantes ante tales violaciones de los derechos y libertades, pero tanto Batman como una Wonder Woman con un acento extrañamente identificable, acabarán por dejar a un lado sus diferencias ideológicas y étnicas para unirse frente al enemigo común. 

 Tales voces discordantes aparecerán en el Civil War de Marvel, aquí la disyuntiva será entre los amigos y enemigos de la ya citada Ley Patriota y la pérdida de derechos para con la ciudadanía en aras de la lucha antiterrorista. Al menos en el comic, los citados superhéroes que no claudiquen ante la nueva ley serán encerrados en la llamada Zona Negativa, alegoría de Guantánamo.  No es de extrañar que como con en Batman VS Superman, los Vengadores deban de dejar a un lado las disputas para hacer frente al todopoderoso Thanos.  



Ya en el comic que inspirará el Civil War de Marvel, el propio Capitán América se vio obligado a dejar a un lado sus reticencias ante la ley que tan efusivamente Iron Man defendía, tras ser atacado por bomberos, policías y médicos, representación al fin y al cabo, sobre todo tras el 11-S, de los pilares de la comunidad. Tras contemplar los destrozos causados por la batalla, sin el apoyo del pueblo, se entrega a las autoridades no como justiciero, sino como Steve Rogers. La breve rebelión queda obsoleta cuando no es capaz de poner patas arriba el sistema, evidenciando la tendencia del superhéroe de denunciar el contenido sin desmantelar el continente,



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